Ilurbeda | Cosmética natural
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Cosmética natural

Vamos a dedicar algunas entradas a hablar sobre determinados ingredientes que no están permitidos en cosmética natural y ecológica certificada. Intentaremos explicar cómo identificarlos al leer una lista de ingredientes en cualquier producto cosmético y cuál es la razón o las razones por las que principalmente no se permiten.

En esta ocasión vamos a dedicar este artículo a los ingredientes etoxilados. Los ingredientes etoxilados se denominan así porque para su producción se ha empleado un proceso químico denominado etoxilación. La etoxilación es un proceso en el cual se añade óxido de etileno a diferentes sustancias químicas (ácidos grasos, alcoholes, aminas, fenoles) con el objetivo de hacerlos más solubles en agua. Los productos que se generan se utilizan como tensoactivos (o tensioactivos).

Los tensoactivos son sustancias que influyen en la superficie de contacto entre dos fases, -por ejemplo, dos líquidos insolubles entre sí como un aceite y el agua- a través de  la disminución de la tensión superficial. Las moléculas de tensoactivos tienen una parte afín al agua, o hidrófila, y otra parte no afín, o hidrófoba. Este hecho hace que las moléculas de tensoactivos, en determinadas circunstancias, se agreguen formando micelas, con la parte hidrófila hacia fuera, en contacto con el agua. Este comportamiento hace que los tensoactivos puedan tener actividad emulgente (o emulsionante) y detergente. En el caso de los detergentes la formación de esas micelas es la responsable del arrastre de la suciedad, ya que la grasa o aceites –de carácter hidrófobo-, quedan atrapadas en el interior de las micelas.

Los tensoactivos generados por etoxilación pueden ser de diferentes tipos, aunque los más frecuentemente utilizados en la industria cosmética son los no iónicos y los aniónicos. El grado de etoxilación, determinado por el número que aparece muchas veces en la denominación del tensoactivo etoxilado (por ejemplo Laureth 4) determina diferentes factores como el grado de irritación (disminuye al aumentar el grado de etoxilación) y la capacidad espumante.

Un tensoactivo etoxilado muy conocido y ampliamente utilizado en la industria cosmética en productos de lavado como geles y champús es el Sodium Lauril Eter Sulfato o Sodium Laureth  sulfato (SLES). En esta última denominación la terminación “eth” es una contracción o abreviatura de “ethoxylated”. Gracias al proceso de etoxilación se consigue que este ingrediente sea mucho menos irritante para la piel que su “primo”, el Sodium Lauryl Sulfato (SLS), el cual es producido de la misma manera que aquel, pero sin sufrir el proceso de etoxilación.

Y hasta aquí, os diréis y os preguntaréis: “¡Pues vaya, los ingredientes etoxilados son una maravilla! ¡Son menos irritantes y tienen gran capacidad espumante como detergentes! Así, que, ¿por qué no se beneficia la cosmética natural de ellos?”

Pues bien, independientemente del origen natural de los ingredientes -determinante en la cosmética natural certificada como ya hemos explicado en otras entradas- el hecho de utilizar un proceso químico de etoxilación tiene varios -y no nimios- inconvenientes, tanto ambientales como para la salud.

En primer lugar, el componente principal que se utiliza en el proceso de etoxilación, el óxido de etileno (ethylene oxide), está calificado como tóxico por inhalación, mutagénico, carcinógeno, extremadamente inflamable, irritante ocular grave e irritante para la piel  según la información disponible en la Agencia Europea de Químicos (ECHA European Chemicals Agency).

Según la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades (Agency for Toxic Substances and Disease Registry) “En los estudios a gran escala sobre los trabajadores expuestos al óxido de etileno en las plantas que producen esta sustancia o en las salas de esterilización de equipos de los hospitales –otro de sus usos es la esterilización de materiales-, se ha observado un aumento del índice de casos de leucemia, cáncer de estómago, cáncer de páncreas y de la enfermedad de Hodgkin. También se ha demostrado que el óxido de etileno causa cáncer en los animales de laboratorio. En estos animales se han detectado leucemia, tumores en el cerebro, en los pulmones y en las glándulas lagrimales.” Además, según el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente de Españaaunque no se acumula en la cadena alimentaria, el óxido de etileno es nocivo para los organismos acuáticos.

Por tanto la utilización de óxido de etileno para la producción de ingredientes cosméticos no se puede calificar ni mucho menos como de un proceso inocuo y saludable, ni para la salud ni para el medio ambiente.Y esta es una de las razones por las que el proceso químico de etoxilación y los ingredientes etoxilados no están permitidos en cosmética natural y ecológica certificada.

En segundo lugar, como consecuencia del proceso de etoxilación, en el producto etoxilado generado pueden aparecer una serie de impurezas en forma de trazas, tanto de óxido de etileno, del cual ya hemos hablado, como de otras sustancias, como por ejemplo 1,4 dioxano.

En la Unión Europea tanto el óxido de etileno como el 1,4- dioxano son ingredientes prohibidos según el reglamento (EC) No 1223/2009 (Anexo II), sin embargo, su aparición en forma de impurezas en el producto final se permite siempre que se justifique que su presencia es técnicamente inevitable y se mantenga dentro de los límites marcados o recomendados por los organismos pertinentes.

1,4 dioxano es una sustancia de las denominadas CMR (sustancia carcinógena, mutágena o tóxica para la reproducción) que está catalogada como carcinógena en la Unión Europea (carc. 2 – H351). (Ver https://echa.europa.eu/es/substance-information/-/substanceinfo/100.004.239).

Los niveles de impurezas de 1,4-dioxano en los cosméticos se han reducido en las últimas décadas gracias a la mejora en los procesos técnicos y a la aplicación de Buenas Prácticas de Fabricación. En estudios realizados por la FDA (U.S Food and Drugs Administration en los años 80, los niveles medios de esta sustancia eran de 50 ppm –partes por millón-, con una variación de 2-279 ppm. En 1997 los niveles medios, sin embargo se habían reducido hasta los 19 ppm (con una variación de 6-34 ppm). Según los datos de los últimos estudios realizados y recogidos por FDA, SCCS (Scientific Committee on Consumer Safety, European Commission Health & Food Safety Directorate) (1), Campaign for Safe Cosmetics (Ver nota al final) (2) e ICCR (International Cooperation on Cosmetic Regulation) (3), el 60% de los productos analizados tenían niveles entre 0 y 1 ppm, el 19% entre 1 y 5 ppm; el 8% entre 5 y 10 ppm; el 6% entre 10 y 25 ppm y sólo el 1% presentaba un nivel superior a 25 ppm, con un máximo de 35 ppm.

Los niveles de 1,4 dioxano que como impureza son considerados seguros por el SCCS (1)  en el producto final son de <10 ppm. Este nivel se considera seguro teniendo en cuenta otras posibles fuentes de 1,4 dioxano: productos farmacéuticos, detergentes y limpiadores del hogar, productos agrícolas y veterinarios, etc.

Pese a que los datos en la reducción de los niveles de 1,4 dioxano en los productos cosméticos resulta esperanzador, su simple detección en productos cosméticos aunque sea por debajo de los niveles recomendados no deja de ser inquietante, especialmente cuando esta es sólo una fuente más de exposición a un agente carcinógeno. Por tanto y desde mi punto de vista tal como recomienda Campaign for Safe Cosmetics, la mejor opción para evitar exponerse a una fuente más de potencial riesgo es evitar, entre otros, los ingredientes etoxilados. Como he oído decir muchas veces a mi madre, a quien desde aquí hago un guiño puesto que sé que me lee ;-): “Evita la ocasión y evitarás el peligro”. Porque al final, la decisión última es la del consumidor informado que, más allá de confiar en el buen hacer de las autoridades y en el de los fabricantes, establece su propio criterio, el de velar por consumir productos lo más saludables posibles.

Ejemplos de ingredientes etoxilados que pueden aparecer en el listado de ingredientes de un producto cosmético son:

PEG, PPG  y nombres compuestos con ellos;

Denominaciones terminadas en “eth”: Ceteareth, Laureth, etc.;

Polysorbate y nombres compuestos.

A continuación mostramos algunos listados de ingredientes de productos con ejemplos subrayados de ingredientes etoxilados. Algunos de ellos corresponden a productos pseudonaturales.

La responsabilidad del cuidado de tu salud es en última instancia tuya, y la ejerces en cada decisión de compra. Eligiendo cosmética natural y ecológica certificada estas evitando ingredientes etoxilados. Ilurbeda es cosmética natural y ecológica certificada y, por supuesto, ninguno de los emulsionantes ni de cualquier otro ingrediente utilizado en sus formulaciones es etoxilado.

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(1) SCCS, 2015. Scientific Opinion on The Report of the ICCR Working Group: Considerations on Acceptable Trace Level of 1,4-Dioxane in Cosmetic Products,” 15 December 2015, SCCS/1570/15. https://ec.europa.eu/health/scientific_committees/consumer_safety/docs/sccs_o_194.pdf

(2) Campaign for Safe Cosmetics, 2009, “No More Toxic Tub”. http://www.safecosmetics.org/wp-content/uploads/2016/12/NoMoreToxicTub_Report_Mar09.pdf

(3) ICCR report: “Considerations on Acceptable Trace Level of 1,4-Dioxane in Cosmetic Products,” http://www.iccr-cosmetics.org/files/2414/8717/1555/ICCR_14-Dioxane_Final_2017.pdf

Nota: Campaign for Safe Cosmetics es un proyecto de Breast Cancer Prevention Partners y se trata de  una coalición estadounidense de organizaciones sin ánimo de lucro (organizaciones de mujeres, ambientales, de salud, de comercio justo, de consumidores y de trabajadores) cuyo objetivo principal es proteger la salud de consumidores y trabajadores. Para ello educa a los usuarios sobre los ingredientes cosméticos con riesgo y exige a la industria cosmética la eliminación gradual de químicos carcinógenos, mutagénicos o ligados a otros problemas de salud reemplazándolos por otras alternativas más seguras.

Maria Encinas Escribano, Responsable Técnico y CEO

Ilurbeda

Navegando por estos mundos de dioses y de diablos me encontré con una marca de cosmética que se calificaba a sí misma como “Alta Cosmética Natural” y aunque es una denominación que, dentro de la cosmética natural no es, desde luego, nueva, sin embargo  me ha hecho reflexionar sobre lo que es o puede significar que una marca sea alta cosmética natural.

Siempre me ha llamado la atención el calificativo “alta” aplicado a la cosmética. En primer lugar porque creo que es un calificativo presuntuoso, poco humilde y, diría yo, hasta clasista que, en cualquier caso, y desde mi punto de vista, deberían asignar los consumidores. En segundo lugar porque me parece poco claro a qué hace referencia esa supuesta altura: ¿Al precio y al posicionamiento en el nicho del lujo? ¿A la utilización de un porcentaje elevado de principios activos? ¿A la utilización de un porcentaje elevado de ingredientes ecológicos? ¿A la utilización de principios activos e ingredientes de altísima calidad y coste, avalados por estudios de I+D+i? ¿Es sólo marketing? Sinceramente, no lo tengo claro.

Es por ello que la curiosidad me ha hecho adentrarme en aguas más profundas para intentar  buscar las respuestas a esas preguntas a través de ejemplos.  Os invito a que me acompañéis y saquéis vuestras propias conclusiones. Y, aprovechando el paseo marítimo,  veremos si cada ejemplo hace honor o no al calificativo de natural.

Para intentar encontrar esas respuestas  vamos a hacer una sencilla búsqueda de marcas de cosmética que se autocalifiquen como “alta cosmética natural”, seleccionando al azar un producto de cada una de ellas sobre el que exista información completa y fiable acerca del listado de ingredientes (ingredients) y acompañaremos a esta información la del precio de venta. Con todo ello interpretaremos cada ejemplo e intentaremos sacar conclusiones. Como este artículo no tiene el objetivo de publicitar, desprestigiar ni poner en tela de juicio a otras marcas, sino el de  informar al consumidor y darle las herramientas para que pueda distinguir -en este maremágnum de opciones que es el mercado- entre lo que realmente es natural y lo que no y lo que pudiera implicar los apelativos de “alta cosmética natural”, no desvelamos las marcas comerciales.

Primer puerto: Crema facial. Volumen: 30 ml. Precio: 18,95€

Empezamos bien. Desde la ironía, claro.  Comenzaba este artículo diciendo que no tenía nada claro lo que implica o significa ser alta cosmética natural, pero lo que sí que tengo claro -y mucho- es lo que no es natural, al menos desde lo que entienden por natural las principales normas o estándares de cosmética natural a nivel mundial. Y me parece grave -muy grave, y todo sea dicho, poco ético- que una marca presuma de ser natural cuando al leer el INCI (listado de ingredientes) de un producto cualquiera, aparecen no uno, ni dos, sino hasta más de 10 ingredientes cuyo uso no está permitido por las principales certificadoras de cosmética natural. El producto podrá ser una maravilla, y estar a una altura estratosférica, pero desde luego, NATURAL NO ES. Y como creo que el calificativo “natural” y “alta” han de estar, si conviven, en perfecta armonía, en este caso, aquí se acaba la historia de amor entre ambos. Desde mi humilde punto de vista este producto no es alta cosmética natural, valga 20 o 20 mil. Si además le sumamos que el primer componente es el agua- con lo que se reduce considerablemente el porcentaje de principios activos-, que no tiene ni un solo ingrediente orgánico, que tiene siliconas (Cyclomethicone, Cyclopentaxilosane) modificadores reológicos sintéticos (Carbomer), derivados del petróleo etoxilados (Ceteth 20, Peg 75 Stearate) pues entenderéis que el concepto de natural queda bastante perjudicatito el pobre. Así que la altura no sé dónde buscársela, sinceramente.

Secundo puerto. Crema facial regeneradora. Volumen: 50 ml. Precio: 235,47 (Y no. No me he equivocado)

En este ejemplo no tengo nada que objetar en cuanto al calificativo natural, un INCI impoluto. En cuanto al segundo calificativo, esta segunda parada puede que nos brinde pistas al respecto. Por el precio en sí del producto y por el uso de un conjunto amplio de aceites esenciales cuyos precios son moderados, unos 200 euros el kilo. Sin embargo, ni son ecológicos ni encontramos aceites esenciales realmente de altura -salvo la violeta, Viola odorata flower oil- como la rosa damascena, el jazmín, el sándalo, etc. cuyos precios superan con creces varias unidades de mil euros el kilo. Además el único componente de la fase acuosa es el agua -primer componente para más inri- con lo que, como ya decíamos, el porcentaje de principios activos se reduce considerablemente. Y tampoco encontramos ningún componente ecológico, que desde mi perspectiva, aumenta la calidad del producto. Por otro lado, se hace referencia a ingredientes naturales de alta calidad. Y   ¿Quién nos garantiza que han sido recolectados y procesados de forma sostenible? ¿Cómo lo podemos saber si no hay ningún tipo de certificación? En definitiva, mi opinión: si el precio es lo que determina que esta cosmética es alta cosmética natural, entonces debería de calificarse como “desorbitante cosmética natural”.

Tercer puerto. Crema facial. Volumen: 50 ml. Precio: 128 euros.

La marca a la que pertenece este producto se autodenomina “Alta cosmética 100% natural”. El calificativo “100% natural” es algo que, cuando lo veo, instintivamente me hace desconfiar. Principalmente porque es una denominación muy manida, casi siempre asociada a criterios de marketing, y no siempre hace honor a su significado. Si nos fiásemos a pies juntillas de ese apelativo, tendríamos que confiar en que el Propylene glycol que aparece en el listado de ingredientes es de origen natural (lo más habitual es que sea derivado del petróleo) y como ni esta marca, ni el producto, veo que estén certificados, pues lo dejaremos en un acto de fe. Por otro lado en la fórmula aparece Benzyl alcohol que puede ser uno de los ingredientes del complejo conservante o un componente de los aceites esenciales; y Dehydroacetic acid que es, sí o sí, un integrante del complejo conservante o el componente conservante de alguno de los extractos utilizados, y que es sintético -aunque aprobado por las principales certificadoras de cosmética natural-. Así es que el “100% natural”, como sospechábamos, deja de ser fiel a sí mismo. En relación con la altura, en este caso el agua no es el componente principal, sino un agua floral, y encontramos multitud de activos, pero, en cambio, no encontramos ningún ingrediente de origen ecológico certificado ni aceites esenciales de los que mencionábamos en la anterior parada. Eso sí, el precio pasa de los 100 euros, quizás ello nos dé una pista en cuanto a nuestra búsqueda de respuestas.

Cuarto y último puerto. Crema hidratante facial. Volumen: 50 ml. Precio: 59€

En esta parada parecía que íbamos a encontrar la sintonía, el pleno a la pareja “naturalta” pero, ohhh: va y aparece en la escena el “Phenoxyetanol”, un conservante prohibido por el sello COSMOS, BioVisaSana y por otros estándares. En fin, otra vez, matrimonio roto. Los criterios para que una cosmética sea “Alta”, aún no lo tenemos claro, pero esta cosmética natural, natural, pues no es. En cuanto a la altura: por porcentaje de principios activos al sustituir el agua por aguas vegetales, podría ser; por precio, no es de rascacielos, pero podría encajar; tiene algún ingrediente ecológico (algunos dudosos al tratarse de emulsionantes, ya que no es lo más habitual ni mucho menos encontrarlos en grado ecológico) respecto a lo cual habría que ver el porcentaje total en la fórmula y si están certificados, acerca de lo cual no se proporciona información. Por otro lado esta marca menciona como diferenciación el hecho de que sus productos están basados en la neurocosmética como base para su efectividad, lo que podría darnos pistas de si la I+D+i es la que soporta la “altura” de su cosmética, pero no se mencionan estudios reales de su eficacia a ese nivel, así que seguimos igual que al principio a no ser que hagamos de nuevo acto de fe.

Y, por último, y en relación con la sintonía perfecta que debería existir entre el  término “natural” y el de “alta”  cuando aparecen juntos aplicados a la cosmética, habría que tener en cuenta otros aspectos, más allá del precio y del listado de ingredientes, como son la sostenibilidad del envase y del embalaje, o la propia responsabilidad ambiental de la empresa-marca. Porque de nada sirve que una marca se venda como alta cosmética natural si sus envases son mezclas de diferentes tipos de plásticos difíciles -por no decir imposible- de reciclar o el packaging secundario es de plástico, o existe un exceso o sobredimensión del embalaje: embalaje de cartón y envoltura de celofán, etc.

¿Conclusiones? Mi opinión personal es que la “altura” como auto denominación de marca aplicada a la cosmética natural es una cuestión más de marketing y posicionamiento en un determinado nicho que de criterios de calidad reales (alto porcentaje de activos, utilización de un alto porcentaje de ingredientes ecológicos certificados, aval de I+D+i  o de estudios clínicos, in vitro  o científicos asociado a los productos o a las reivindicaciones).

Los productos elaborados por ilurbeda están certificados por bio.inspecta según la norma bio.vidasana y se caracterizan porque el primer componente del listado de ingredientes nunca es el agua, lo cual garantiza un alto porcentaje de principios activos (más del 70% y en muchos casos hasta el 100%) y como mínimo más del 50% de los ingredientes de todos los productos son de origen ecológico certificado.

La cosmética natural y ecológica de ilurbeda además de tener el objetivo principal de cuidarte, también es optimista y divertida. Cualquier otro calificativo  se lo pones tú, así que podrá ser todo lo “alta” que tú quieras que sea.

María Encinas. Responsable Técnico y CEO

Ilurbeda

En este artículo vamos a intentar explicar lo que significa el hecho de que un cosmético o una marca de cosmética natural estén certificados.

La certificación de una marca de cosmética y de sus productos significa que cumplen los requisitos establecidos según una determinada norma o estándar y que una entidad de certificación adecuadamente acreditada ha verificado mediante inspección documental y presencial que así es. Según la definición de la norma UNE-EN 45020, la certificación es el proceso mediante el que una tercera parte da garantía escrita de que un producto, proceso o servicio es conforme con unos requisitos específicos.

En el caso de Ilurbeda, la tercera parte es la entidad certificadora bio.inspecta, que certifica que nuestros productos, el laboratorio y los procesos de producción cumplen los requisitos marcados por el estándar o norma BioVidaSana para la elaboración y comercialización de productos cosméticos ecológicos y naturales. Y en el etiquetado se hace referencia tanto a la entidad certificadora, bio.inspecta, como a la norma bajo la que se certifica, BioVidaSana.

La norma BioVidaSana para la elaboración y comercialización de productos cosméticos ecológicos y naturales

Los requisitos básicos de esta norma son similares a otros estándares de cosmética natural y ecológica. De manera general podemos resumirlos brevemente en:

  • El uso de radiaciones ionizantes así como cualquier tratamiento radioactivo para la esterilización (uso bactericida y fúngico) está prohibido.
  • Los productos cosméticos producidos según la Norma BioVidaSana no tienen que haber sido testados en animales, ni durante la fase de investigación y desarrollo, ni durante el control del producto final. Está práctica se encuentra expresamente prohibida según el Reglamento 1223/2009 de productos cosméticos.
  • No se pueden utilizar organismos genéticamente modificados, incluyendo los ingredientes agrarios sin certificación ecológica o cualquier otro ingrediente de origen orgánico que se utilizase en cualquiera de las categorías que comprende esta Norma.
  • No se permite el uso de nanopartículas en los productos cosméticos certificados según la Norma BioVidaSana ni en las demás líneas de producción.
  • Se prima el máximo uso de ingredientes agrícolas simples (preferiblemente ecológicos certificados) y el uso de métodos simples de procesamiento.
  • Es necesaria la implantación de un sistema de trazabilidad adecuado que garantice la separación de la línea de productos certificados según la Norma BioVidaSana de otras líneas de producción.
  • Se prohíben con carácter general como ingredientes los colorantes y fragancias sintéticos, las materias primas etoxiladas, las siliconas, los derivados del petróleo y los ingredientes de síntesis. En la siguiente imagen se muestra el listado de ingredientes terminantemente prohibidos (Anexo II de la Norma BioVidaSana).

La norma define tres categorías de productos según la proporción de ingredientes ecológicos en la fórmula:

Categoría I: Producto cosmético ecológico. Producto con al menos un 90% de ingredientes ecológicos certificados. Solamente en esta categoría, el término “Ecológico” o “Biológico” se podrán usar directamente en la denominación del producto como adjetivo (Ej.: bálsamo labial ecológico).

Categoría II: Producto cosmético natural con entre un 15 y un 89 % de ingredientes ecológicos certificados. A esta categoría pertenecen los productos hasta ahora sacados al mercado por ilurbeda. Todos ellos tienen más del 50% de ingredientes ecológicos certificados.

Categoría III: Producto cosmético natural. Producto con menos del 15% de ingredientes ecológicos o sin ingredientes ecológicos certificados. Se podrá indicar con un asterisco los ingredientes ecológicos que contuviera el producto, pero no podrá hacerse uso del término ecológico en ninguna otra parte de la etiqueta.

La utilización de términos genéricos del tipo “Cosmética ecológica”, “Cosmética bio”  “econatural” u otros términos genéricos similares se permite utilizar a una marca certificada según esta norma siempre que los productos a los que se haga referencia pertenezcan a la categoría I o II y en el caso de esta última categoría, siempre que el producto contenga  más del 40% de ingredientes ecológicos.  Ilurbeda es cosmética ecológica certificada porque todos sus productos pertenecen a la categoría II de la Norma BioVidaSana y contienen más del 50% de ingredientes ecológicos certificados.

No se puede utilizar el término “100% natural” puesto que, además de ser una terminología habitualmente utilizada en la comercialización de productos no certificados, puede introducir confusión con la clasificación que establece la norma BioVidaSana. Tampoco debe utilizarse el término “100 % ecológico” o “100 % bio” etc., en aquellos productos que contengan ingredientes excluidos de los cálculos como el agua, ingredientes de origen mineral o hidróxido sódico/potásico.

Otras normas o estándares

Existen muchas normas o estándares de cosmética natural y ecológica a nivel internacional. Como ya comentábamos en otro artículo, la cosmética natural como tal no ha sido aún objeto de regulación a nivel europeo por lo que a falta de un marco regulatorio, son las entidades de certificación las que se encargan, como terceras partes, de certificar según los diversos estándares existentes. Aunque son muchos, se puede decir que tienen una serie de criterios comunes: no permitir la utilización de ingredientes modificados genéticamente, irradiados ni nanomateriales; proponer diferentes categorías de productos en función de la proporción de ingredientes ecológicos en la fórmula; prohibir de manera general los ingredientes sintéticos salvo excepciones (como por ejemplo la de determinados conservantes por la escasez de opciones en el ámbito natural) y específicamente de determinados ingredientes sintéticos que, bien por sus repercusiones ambientales o bien por sus efectos sobre la salud, no son admitidos.

Sin embargo, en medio de este panorama ya de por sí complejo, el consumidor se puede encontrar con sellos fantasma o certificadoras inexistentes. Porque lo cierto es que nos podemos encontrar en el mercado productos cosméticos naturales  con aparentes sellos de calidad sin un significado real de certificación, por lo que la veracidad de estos productos queda comprometida. Detrás de un sello de calidad debe haber tanto un estándar o norma que dicte los requisitos a cumplir, como una certificadora externa que verifique que se cumplen dichos requisitos. Y ambos, de una u otra manera, deben aparecer en la etiqueta del producto. Por ejemplo, no es correcto ni ético decir que un producto se ha certificado de acuerdo al estándar COSMOS si tiene el sello de una asociación en lugar del sello de COSMOS (Natural u Organic) y no ha sido certificado por una entidad autorizada por COSMOS para certificar. Si un producto está certificado de acuerdo a la norma o estándar COSMOS, tiene que aparecer el sello de COSMOS  en la etiqueta y la entidad o miembro de cosmos que lo certifica (BUREAU VERITAS CERTIFICATION, AUSTRALIAN CERTIFIED ORGANIC, ECOCERT GREENLIFE  SOIL ASSOCIATION CERTIFICATION, entre otras entidades de certificación autorizadas a certificar el estándar cosmos). Y, de igual forma, tampoco es correcto –NI ÉTICO- poner en una etiqueta un sello de calidad tras el que no existe ni una norma ni un control.  Es por ello que al comprar cosmética natural certificada, si no se conoce el estándar o sello bajo el que se certifica el producto y no se hace mención a ninguna entidad certificadora en el etiquetado, recomendamos comprobar su veracidad. En esta era de las nuevas tecnologías el fácil acceso a la información es una ventaja de la que puede hacerse uso a la hora de tomar decisiones de compra.

A falta de un marco regulatorio y de más recursos para vigilancia de mercado –y al existir un vacío legal con respecto a la cosmética natural, dudo de quién sería el responsable de controlar estas malas prácticas, más allá de las organizaciones de consumidores y usuarios- son los propios consumidores con el arma de la información los que deben velar  por la salvaguarda de sus intereses.  Infórmate y elige cosmética natural y ecológica certificada.

María Encinas. Responsable Técnico y CEO

Ilurbeda

 

En este mundo tecnológico en el que nos movemos, estamos acostumbrados a la inmediatez, a vivir, comer, ver y sentir aceleradamente. Así, con este comienzo vais a pensar que lo que pretendo con este artículo es reivindicar un mundo más “slow” y más saludable, sostenible y feliz. Sin embargo, no. No ahora. Este tema tan apasionante lo dejaremos, porque lo merece, para otra entrada.

Lo que pretendo mostrar es sencillo: que un cosmético no surge como idea hoy y sale al mercado mañana. El camino entre el punto a (idea) y el punto b (mercado) es considerablemente más largo y complejo de lo que a simple vista pudiese parecer. ¿Por qué? Pues sobre todo porque hay que garantizar el cumplimiento de los requisitos legales y la seguridad del producto cosmético a lo largo de su vida útil. La normativa es muy clara al respecto. El reglamento por el que se rige la fabricación y comercialización de productos cosméticos (REGLAMENTO (CE) Nº 1223/2009  DEL  PARLAMENTO  EUROPEO  Y  DEL  CONSEJO  de  30  de  noviembre  de  2009 sobre  los  productos  cosméticos) dice en su artículo 3, muy claramente que para que un cosmético salga al mercado ha de garantizarse su seguridad: “Los productos cosméticos que se comercialicen serán seguros para la salud humana cuando se utilicen en las condiciones normales o razonablemente previsibles de uso.” Esta seguridad implica que se ha fabricado siguiendo buenas prácticas de fabricación, que sus ingredientes son seguros, que el producto en sí es seguro, porque es estable en el tiempo y porque será capaz de conservarse y resistir el uso habitual al que se pueda someter a lo largo de su vida útil. Y todo esto tiene que ir avalado por cuantos documentos sean necesarios: procedimientos normalizados de trabajo, documentación técnica de ingredientes, challenge test, análisis de estabilidad y de compatibilidad con el envase, expediente de seguridad del producto cosmético, evaluación de seguridad del producto cosmético… ¡Cuántas cosas, por dios! Pues sí. El nacimiento de un cosmético es más parecido a la gestación de un elefante que a la del ratón que lo asusta. A continuación resumimos las fases más relevantes en este largo proceso de gestación:

Primera fase. Diseño de la fórmula y búsqueda de los ingredientes.

En función de a quién va dirigido el cosmético y su función, del problema que se trata de resolver, se selecciona la forma cosmética (emulsión, loción, disolución, suspensión, pastilla, bálsamo, etc.) y en consecuencia los ingredientes y sus concentraciones. El proceso de elección de ingredientes es especialmente laborioso en cosmética natural certificada, ya que hay que asegurarse de que los ingredientes elegidos, además de ser seguros, cumplen los requisitos establecidos por la norma en base a la cual se certificará el producto. Esto implica recopilar toda la información técnica disponible sobre cada uno de los ingredientes potenciales que luego facilite tanto la elección del ingrediente más adecuado a nuestro proyecto como la realización de un expediente de información del producto lo más completo posible. Por otro lado, la búsqueda de activos con diferentes funciones y propiedades, avaladas por estudios in vivo y/o in vitro según las características del cosmético es, también, muy importante para garantizar el éxito del producto.

Fotografía de Matt Briney

Segunda fase. Elaboración de prototipos o diferentes propuestas de formulaciones.

Una vez seleccionadas las diferentes opciones de ingredientes que formarán parte de nuestro cosmético el siguiente paso consiste en elaborar prototipos para nuestro producto cosmético en el que se testan los candidatos a ingredientes y su resultado a priori en cada propuesta de fórmula, tanto desde el punto de vista organoléptico (textura, color, brillo, fragancia, viscosidad aparente) como desde el punto de vista de su análisis sensorial y sensación sobre la piel: textura y consistencia, extensibilidad, afterfeel, absorción.

En la elección de los prototipos se tiene en cuenta, además, otros factores relacionados con los ingredientes como: criterios de seguridad, documentación disponible, existencia de ingredientes similares en el mercado, coste, facilidad de manejo e incompatibilidades con otros ingredientes, etc. En el proceso de elección de la fórmula final normalmente se recurre a estudios de estabilidad previa (pruebas de centrifugación, ciclos alternos de temperatura, control de viscosidad y de ph, analizadores específicos como Lumisizer, etc.) que ayudan a descartar propuestas inestables.

Tercera fase. Elección de la fórmula final y del envase. Realización de estudios previos a la introducción en el mercado.

Una vez elegida la fórmula para nuestro producto cosmético hemos de asegurarnos de que el sistema conservante elegido es adecuado para garantizar la seguridad del producto a lo largo de su vida útil. Es decir, que será capaz de mantener sus características en el tiempo, hasta la fecha de caducidad o de consumo una vez abierto, indicada en su etiqueta, sin estropearse y  sin causar daños a su usuario en las condiciones normales previstas de uso. Este estudio se llama “Challenge test” y consiste en la inoculación controlada de una serie estandarizada de cepas de bacterias y hongos con el fin de comprobar que el sistema conservante puede hacer frente a dichos microorganismos de manera eficaz.

Por otro lado se somete al producto a un análisis de estabilidad acelerada que consiste en someter al producto a unas condiciones extremas de temperatura para simular el envejecimiento del producto y poder estimar así tanto su estabilidad en el tiempo como la caducidad. Además se realiza un estudio de compatibilidad con el envase para establecer la posible interacción entre el material del envase y el producto y garantizar de este modo su seguridad.

Según los resultados obtenidos en estos análisis puede ser necesario reformular, ajustar la fórmula o cambiar el envase y volver a realizar, por tanto, los análisis pertinentes.

Cuarta fase. Reivindicaciones cosméticas y estudios de seguridad.

El REGLAMENTO (UE) Nº655/2013 DE LA COMISIÓN de 10 de julio de 2013 por el que se establecen los criterios comunes a los que deben responder las reivindicaciones relativas a los productos cosméticos hace mención a las reivindicaciones o claims. El Reglamento 1223 dice en su artículo 12: “En el etiquetado, en la comercialización y en la publicidad de los productos cosméticos no se utilizarán textos, denominaciones, marcas, imágenes o cualquier otro símbolo figurativo o no, con el fin de atribuir a estos productos características o funciones de las que carecen.” Es decir, que las reivindicaciones han de ser ciertas y han de poder demostrarse. Lo más habitual es hacerlo mediante estudios de eficacia y seguridad. Los estudios realizados y el soporte documental que avalen las reivindicaciones han de acompañar el expediente de seguridad del producto cosmético.

Quinta fase. Regulatory: Documentación legal del cosmético. Elaboración del expediente de información del producto cosmético y Evaluación de seguridad.

El Reglamento 1223 en su capítulo III establece que  “antes de la introducción de un producto cosmético en el mercado ha de haber sido sometido a una evaluación de la seguridad sobre la base de la información pertinente, y ha de haberse elaborado un informe sobre la seguridad del producto cosmético”. Este informe de seguridad y la evaluación de seguridad forman parte del expediente de información del producto cosmético. El expediente de seguridad es un documento dinámico que se ha de mantener actualizado y ha de estar disponible en la dirección indicada en la etiqueta del cosmético durante al menos 10 años desde la salida del último lote del producto al mercado.

 Sexta fase. Notificación en el Portal de Notificación de Productos Cosméticos (CPNP).

De forma previa a la introducción en el mercado, se ha de notificar a la Comisión una serie de datos relacionados con el producto cosmético. El objetivo de este portal es centralizar la información a nivel europeo y facilitar las tareas de cosmetovigilancia.

Séptima fase: Introducción en el mercado. ¡Enhorabuena, nació por fin!

Fotografía de Ornella Binni

 El tiempo en el que se desarrolla todo este proceso -en el que no se han considerado, por simplificar, otros aspectos tangenciales pero no menos importantes como el diseño del packaging, análisis de costes y plan de marketing- no suele ser inferior a 6 meses y no es raro que se prolongue hasta los 18-24 meses en función de la complejidad del producto, de los estudios necesarios y de los medios y tamaño de la empresa fabricante o responsable. Lo dicho, el parto del elefante.

Maria Encinas Escribano, Responsable Técnico y CEO

Ilurbeda

Fotografía de portada: Ian Dooley

 

“NATURAL”, qué bonita palabra. Y cómo vende. Lo natural está de moda, está claro. No hace falta más que detenerse a ver los anuncios publicitarios en la televisión. Hasta los purés de verduras, se venden como naturales. ¡Ni que se encontrasen en el mercado zanahorias de plástico comestibles!  Yo, de momento, ¡no las he encontrado! Diferente es el cómo se hayan cultivado esas zanahorias, lo saludables que son en consecuencia, y si son ecológicas o no. Eso es otra historia muy distinta y es, en definitiva el foco donde quiero poner hoy vuestra atención.

Como lo natural está de moda, parece que vale todo y parece que poniéndole ese bonito adjetivo, las cosas  se transforman con un halo de magia y bondades. No es así y es que el refranero popular es muy sabio: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. En el ámbito de la cosmética este hecho es relativamente habitual: querer vestir de natural lo que no es. Un producto NO ES NATURAL

  • porque lleve extractos vegetales en su composición, si el resto de componentes son sintéticos;
  • aunque en algún lugar de su denominación o incluso de su marca ponga “natural”, si sus componentes no lo son;
  • si todos sus ingredientes dicen ser naturales pero lleva algún ingrediente prohibido en cosmética natural por ser producido mediante organismos genéticamente modificados o por haber sido irradiado en su proceso de producción.
  • Si por muchos ingredientes naturales que lleve, se incluye en su composición algún ingrediente prohibido en cosmética natural como por ejemplo los siguientes (que ilustramos con imágenes de listados de ingredientes de productos que se publicitan como naturales o que los usuarios entienden como naturales):
  • Derivados del petróleo como Paraffinum y Petrolatum,
  • Conservantes como parabenos (ethyl paraben, methyl paraben, etc.), phenoxyetanol, Imidazolidinyl Urea ;
  • polímeros sintéticos para controlar la viscosidad como las Acrylamidas y los Acrilatos;
  • Siliconas (Dimethicone, Cyclomethicone);
  • Polietilenglicoles (PEG) y Polipropilenglicoles (PPG) con múltiples funciones;
  • Ingredientes obtenidos mediante etoxilación (óxido de etileno) como el Sodium Laureth Sulfato Sódico (abreviadamente SLES, ampliamente utilizado en geles de baño), y otros muchos tensioactivos con sufijo “eth” -contracción de “etoxilado”-.
  • Filtros UV para los proteger los productos de decoloraciones debidas a la luz solar, como la Benzophenone.

Y os preguntaréis, ¿y todo esto es porque lo digo yo? Pues no, evidentemente.

Aunque en cosmética no hay aún una norma  a nivel europeo que regule la cosmética natural (a diferencia de lo que sí sucede con los alimentos bio), lo que sí existen son entidades privadas de certificación con reconocimiento internacional que establecen, sobre la base de normas previamente establecidas, los criterios a los que se han de ajustar los productos que se comercializan como naturales y/o ecológicos. En este sentido existen diferentes entidades de certificación, algunas de ellas, quizás las más conocidas en europa son: bio.inspecta, Ecocert Greenlife, BDIH, Soil Association, NaTrue, Cosmebio, ICEA, etc. Concretamente las últimas cinco entidades comenzaron a trabajar juntas en el año 2002 creando una norma armonizada: COSMOS, que empezó a funcionar en 2010.

En España La Asociación Vida Sana es una entidad sin ánimo de lucro declarada de utilidad pública desde 1981, que se dedica a promover la agricultura biológica y la alimentación sana como base para una sociedad más justa y respetuosa con el medio ambiente.  La norma BioVidaSana tiene su origen en los años 90, en un Aval que dicha asociación promovió para diferentes bienes de consumo, no alimentarios, respetuosos con el medio ambiente. En 2006 ese aval dejó de utilizarse y se desarrollaron las normas de cosmética econatural “Vida Sana” que posteriormente se convirtieron en 2014, en BioVidaSana. La norma BioVidaSana está pensada para que pequeñas empresas comercializadoras y fabricantes puedan tener acceso a la certificación a precios razonables. bio.inspecta es la entidad que certifica la norma BioVidaSana. Fue creada en 1983, y actualmente goza de un gran prestigio y reconocimiento a nivel internacional (www.bio-inspecta.ch).

María Encinas. Responsable Técnico y CEO

Ilurbeda